Semana Santa en tiempos de COVID-19 (ensayo)

SEMANA SANTA EN TIEMPOS DE COVID-19 
(ensayo)

Durante los últimos meses la humanidad ha tenido que hacer frente ante una nueva amenaza, un enemigo que no discrimina, es decir, uno que ataca a todos por igual y no hace ninguna distinción de clase. Es muy importante hablar de este tema porque el miedo, el pánico y la angustia está presente en muchos de nosotros por esta difícil, preocupante y precaria coyuntura producida por la nueva enfermedad SARS COV 2, que tantas vidas está cobrando por todo el mundo. Pero a pesar de todo aquello mencionado anteriormente, estamos en la fecha en la cual todos los cristianos estamos obligados a recordar la vida del hijo de Dios en el mundo terrenal hace dos mil veinte años. La Pascua de Resurrección es la fiesta primordial en torno a la cual giran todas las demás fiestas del año litúrgico. En ella conmemoramos la victoria de Cristo sobre la muerte y aquello significa su presencia viva en medio de nosotros para siempre.

En mi humilde opinión, pienso que los seres humanos gracias a su gran capacidad de adaptación a diferentes ambientes y situaciones, debemos ponerla en práctica ahora más que nunca al no ser posible vivir este año la Semana Santa con normalidad. Por ello, la Iglesia, uniéndose al acto solidario, responsable y discreto de guardar silencio, nos invita a convertir el hogar en esta Semana Santa en un espacio vivo de oración, unidos desde la plegaria a la parroquia, a la diócesis y a toda la Iglesia universal, convirtiendo de este modo la casa propia en una verdadera “iglesia doméstica” donde se vive y se celebra la fe.

Por consiguiente, nosotros para cumplir el compromiso de vivir la Semana Santa en familia, podemos ver películas de la vida de Jesús y otras de carácter cristiano. También podemos jugar con crucigramas o juegos en línea sobre Semana Santa, orar en familia, adornar nuestras puertas, ventanas y mesas con los distintos colores y arreglos que correspondan a cada día de esta semana. 

Es entendible que el primer sentimiento que nos produce el confinamiento y la propagación del COVID-19 sea el temor, el cual puede transformarse en pánico, y por ello, con la serenidad que en el caso lo requiere, debemos sabernos controlar mutuamente y ayudarnos a comprender las cosas con racionalidad y razonabilidad. El temor a veces nos atrae recuerdos del pasado que en estos momentos no pueden ser vigentes. Tenemos que evitar todo tipo de desesperación que nos puede llevar al acaparamiento y/o a buscar recetas que no son la solución para nuestras inquietudes. Como miembros de nuestra comunidad, nación, sociedad e iglesia debemos actuar con serenidad, con responsabilidad y discreción porque en esta complicada situación que estamos viviendo la verdadera actitud amorosa y misericordiosa que podemos tener hacia el prójimo es guardar la distancia para no contagiarnos. 

En conclusión, esta es una oportunidad de abrir ante nuestros ojos el horizonte humano para entender la vida y la fe de otra manera, una oportunidad que desafía a nuestra consciencia en nuestra forma de proceder ante situaciones complicadas como esta. Debemos aprovechar el momento para reflexionar sobre nuestros errores que tuvimos en nuestra anterior “normalidad”; conocernos y darnos tiempo a nosotros mismos y a las personas que amamos; proyectar cómo será nuestra vida después de la cuarentena; agarrar un libro y expandir nuestros conocimientos y vocabulario, aprender a cocinar, bailar, tocar un instrumento; y ver y analizar qué aspectos podemos mejorar de nosotros. Dios quiera que pronto, todos juntos podamos celebrar con una alegría desbordante, y más que nunca, la gran fiesta cristiana de la Pascua.

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